Taller #PintoMiSueño
abril 23, 2019

Dia de La Madre

Como duele ver a un hijo perdido, desesperado, yendo por el camino equivocado. Como madres creo que es lo peor que nos puede pasar, ver a nuestra criatura, a quien mal o bien dimos lo mejor de nuestra vida desde el momento que lo tuvimos en nuestros brazos, y de pronto llega la adolescencia y se sale de nuestras manos.
No importa cuantas veces les repetimos que eran preciosos; entra la inseguridad o sino les dijimos demasiado y entra la soberbia. Por mas que celebramos su individualismo, se comienzan a comparar con el resto y por mas que tratamos de protegerlos, algo los ataca y como madres lo primero que se nos viene es meternos en el ring de batalla y luchar por ellos! Hoy quiero contarles un poco de mi camino por 15 años con la anorexia y bulimia.
 
 
Cualquier persona que ha tenido algun tipo de adicción o conoce a alguien cercano que lo ha vivido te puede decir que es un infierno. Y asi lo es, mis dias estaban llenos de confusión, inseguridad y terminaban envueltos en ira, casi siempre explotada hacia mi mamá: a alguien tenía que culpar, y tendemos a estallar contra los que más nos quieren, ¿no es asi?
Mi mamá siempre ha sido una mujer luchadora, amante de la vida y de sus hijos, y trato por todos los medios de salvarme. Pero el día que me dejó ir, fue el día que comenzó MI camino de salvación.
 
 
Todavía recuerdo aquellas palabras, en lo peor de mi anorexia, que me agarró y me dijo: “Amor, estaré a su lado siempre, y si algo te pasara te lloraré eternamente, pero no puedo hundirme con vos. Te tengo que dejar ir”. Muchas me dirán “yo jamás dejaría a mi hijo(a) así”, pero ella en realidad NO me podía salvar, y mientras ella más se me ponía en mi camino, menos caminaba YO, nos estábamos hundiendo las dos! Cómo madres creemos que amor es lo que hacemos, pero nunca pensamos que amor también es lo que escogemos NO hacer.
Ese dia que mi mamá se abstuvo de ayudarme comencé a lidiar con mi enojo, mis dudas, mi sentido de culpa y conocí a Dios…..no tenía otra opción, y nunca debí haberla tenido.
 
 
Mis hijas hoy tienen 23, 22 y 17 años. Me ha tocado verlas dudar, caerse y quedarse abajo, y ha pesar de que tengo la solución para sus problemas, siempre han sido ellas las que vienen a mi, y créanme, que cuando finalmente vienen, ya no sólo escuchan, sino que están listas para obedecer. Llega una edad en que tenemos que entender que no es nuestra mano la que los sostiene, es y ha sido siempre la de El (Dios), y esperar que ellos lo reconozcan también.
Hoy trabajo con mi madre, mis hermanas y mi hija en tienda El Armario, y a través de nuestras redes sociales contamos con un grupo inmenso de seguidores (busque nuestro Youtube channel bajo elarmariohn para conocernos más) que yo se no tendríamos si no fuera porque como familia aprendimos a darle el espacio necesario a Dios para que fuera El quién actuara en nuestras vidas.